martes, 27 de enero de 2009

Argumentar una postura

Lee el siguiente texto, en tu cuaderno realiza una tabla como la de la página 178 del libro con 3 premisas y sus respectivas conclusiones. Deriva de estas un Argumento propio del subtema que más te halla agradado.

En la vida diaria utilizamos una variedad de términos y razonamientos que no se ajustan a los patrones de la lógica ordinaria y, sin embargo, son comprensibles y correctos. Por ejemplo, tomemos el siguiente silogismo: “Normalmente, los libros antiguos son difíciles de adquirir; lo que es difícil de adquirir resulta costoso; por lo tanto, normalmente, los libros antiguos resultan costosos”. Los términos de este razonamiento no son precisos, sino vagos o difusos: antiguos, difíciles de adquirir y costosos, además de utilizar un cuantificador impreciso (normalmente).

De acuerdo con la lógica estándar, un enunciado cualquiera es verdadero o falso; no hay un término medio entre la verdad y la falsedad. Eso es lo que nos enseñan cuando aprendemos lógica en la escuela. Nunca, o casi nunca, nos dicen que hay otras formas de razonamiento y menos aún nos mencionan la lógica difusa o borrosa.

Tomemos el predicado ambiguo “estar enamorado” e incorporémoslo a la frase “Juan está enamorado de María”. Se trata de un predicado que admite una serie de grados o de tonalidades: ¿qué tanto está enamorado Juan?: ¿100%?, ¿98%?, ¿72%?, ¿56%? Puede ser difícil o inútil cuantificar qué tanto está enamorado Juan de María. Sin llegar a las cuantificaciones numéricas, como las que suelen emplearse en la lógica difusa, nos quedamos con expresiones lingüísticas igualmente imprecisas: “muchísimo”, “poco”, “perdidamente”, “una barbaridad” e, incluso, a veces se dice “demasiado”. Muy bien, pero eso indica que el amor es cuestión de grados, porque pueden vérsele varias tonalidades.

La teoría de lo difuso fundamenta la idea de que entre el todo y la nada, entre el blanco y el negro, entre lo totalmente falso y lo totalmente verdadero, hay una escala numérica y ésa es la que sirve para construir la lógica de lo borroso. Porque, si es cuestión de grados, entonces los límites y las fronteras se tornan borrosos.

En contraste, la lógica ordinaria es bivalente y mantiene límites absolutos con valores excluyentes como: verdadero o falso, blanco o negro, A o no-A.

El amor y el odio se presentan como sentimientos incompatibles, aun cuando la necesidad y Freud han demostrado que los neuróticos aman y odian al mismo tiempo a una persona, contradicción a la que se dio el nombre de “ambivalencia”, como el refrán que dice que “del odio al amor sólo hay un paso”; para la lógica borrosa, los predicados contradictorios describen matices que, efectivamente, se producen y reflejan tonalidades del pensar y del sentir.

BELLEZA

Veamos ahora el caso del predicado “ser guapa” en la frase “María es guapa”. Es guapa, pero ¿comparada con quién? O, más bien, ¿hasta qué punto es guapa? Desde Platón se sabe que la belleza es un ideal que algunos creen encontrar en la realidad, aunque nunca se alcance. Sin ser platónicos ni caer en la idealización de los conceptos, podemos convenir en que la belleza es una cuestión de grados y, más todavía, de enfoques. Entonces, podemos aseverar, por ejemplo, que “María es más guapa que Antonia”, y quizá advertiremos que “María es menos guapa que Alfonsina”. Todo es cuestión de grados y nunca falta el que dice que “no hay mujer fea”, o sea, que hay algo de belleza en la fealdad y viceversa. Así, entre un extremo y otro se encuentra un sinnúmero de matices, como entre el blanco y el negro. La lógica difusa emplea el concepto fundamental de variable lingüística, la cual se obtiene a partir de un predicado vago; por ejemplo, “bella”, de su antónimo, “fea”, y de modificadores lingüísticos aplicados a esos predicados. Así, tenemos una serie de valores: “muy bella”, “más o menos bella”, “no muy fea”, “no tan fea”, “ni bella ni fea”, etcétera. A esta lista pueden añadirse los superlativos (bellísima) y toda una gama de expresiones que usamos comúnmente en el habla de todos los días para indicar ponderaciones que son, irremediablemente, vagas.



CONJUNTOS DIFUSOS

Es una teoría nueva y diferente. Las encuestas de opinión determinan cuántas personas están a favor o en contra de una cierta formulación, o bien les resulta indiferente.

¿Qué importancia tiene todo esto, más allá de dar a conocer formas de razonamiento que se usan en los intercambios lingüísticos?

Desde hace más de dos décadas, los ingenieros de la borrosidad diseñan programas y chips para que la manera de razonar de las computadoras se parezca más a la de las personas. De este modo se logrará que las máquinas sean “más inteligentes” y “sea más fácil trabajar con ellas”.

En la informática y en los estudios sobre inteligencia artificial se emplea cada vez más este vigoroso instrumento racional. Por eso sería muy bueno que se incorporara la lógica borrosa en los sistemas educativos desde los niveles básicos. ¿Advirtió el lector la cantidad de términos vagos que empleé en esta última frase?



Extracto de "Pago por Ver y por Oír",
María Montes de Oca Sicilia,
2007, Editorial Lectorum